La prestación contributiva de desempleo, conocida popularmente como ‘paro’, es una ayuda económica que se otorga a todos los trabajadores que, aun pudiendo y queriendo trabajar, pierden su empleo o ven reducida, en al menos una tercera parte, su jornada de trabajo, con la consecuente pérdida o reducción de salario.
Para poder cobrar esta prestación, es necesario que el trabajador haya sido despedido. Es decir: no se puede cobrar cuando el empleado abandona voluntariamente su puesto de trabajo. Además, los trabajadores deben estar dados de alta en un régimen que contemple esta prestación y en situación legal de desempleo, haber cotizado al menos doce meses en los seis años anteriores a la solicitud de la prestación, no haber cumplido la edad de jubilación y no estar afectados por problemas de incompatibilidad.
Al igual que ocurre con otras muchas prestaciones, la pensión contributiva de desempleo no es indefinida, sino que tiene una fecha límite. El motivo es sencillo: se quiere que los parados puedan volver a incorporarse a un puesto de trabajo. Por ello, el periodo máximo en el que un trabajador puede cobrar esta prestación es de dos años. Y ni uno más.
Para poder cobrar el paro durante todo este tiempo, sin embargo, es necesario cumplir unos requisitos. Es decir: a pesar de que esta es la duración máxima de la prestación, no todos los trabajadores tienen derecho a percibirla durante todo este tiempo.
El tiempo por el que un trabajador puede cobrar su prestación de desempleo viene determinado por sus cotizaciones a la Seguridad Social: cuánto más haya cotizado, más tiempo podrá percibir esta ayuda, siempre respetando los límites.
Así lo establece el artículo 269 de la Ley General de la Seguridad Social, en el que se recoge que la duración de estas pensiones depende “de los periodos de ocupación cotizada en los seis años anteriores a la situación legal de desempleo”. Además, la normativa también establece que solo se tendrán en consideración “las cotizaciones que no hayan sido computadas para el reconocimiento de un derecho anterior, tanto de nivel contributivo como asistencial”.
A la hora de calcular los periodos cotizados, se utiliza las cotizaciones que el empleado haya hecho en concepto de desempleo, que representan un 1,55% de la base de cotización asumido por el trabajador y un 5,5% de la base que asume la compañía.
Para poder cobrar la prestación durante el periodo máximo, es decir, dos años, los trabajadores deben haber cotizado un mínimo de 2.160 días. En caso de haber cotizado durante un periodo de tiempo más reducido, el tiempo que podrían cobrar el paro se vería reducido de la siguiente manera: